27.08.2026
Movimiento Andrés: Seamos Niños, y volver a la calle
Agosto siempre nos da la oportunidad de repensar la vida adulta desde la infancia. Es un tema que interpela cada año, y este se aprovechó para convocar una pegatina y volver a las calles: por el placer de hacerlo y para que otros se sumaran.
El Movimiento Ago-26, Seamos Niños, tuvo una participación enorme. Los afiches se produjeron en mosaicos y hoy pueden verse pegados en las paredes, a la vista, durando lo que la calle permita.

UN TERRITORIO EXPANDIDO
Lo que distinguió a esta salida no fue solo el volumen, sino quiénes se sumaron. A los actores de siempre se agregaron grupos y territorios: los amigos de Chivilcoy y el Taller Municipal de Fotografía y Técnicas Combinadas de nuestra ciudad. Los mosaicos hoy están pegados en ambas ciudades.
Y ahí pasa algo que vale la pena mirar de cerca. Una obra pensada para desaparecer terminó uniendo dos lugares al mismo tiempo. La pegatina no fue una convocatoria cerrada entre conocidos: fue una excusa para que otros experimentaran lo mismo, en sus propias calles, con sus propias manos. Cuando una actividad así se replica en otro territorio, deja de ser un evento y empieza a ser un lenguaje compartido. Eso es lo que Seamos Niños dejó: no solo afiches en las paredes, sino la prueba de que esto funciona más allá de un grupo y de una ciudad.
DE DÓNDE VIENE ESTO
El Movimiento Andrés nació antes de la pandemia, de una necesidad concreta: encontrar espacios de exposición por fuera de los circuitos habituales. Los museos y las salas no eran para cualquiera, y un grupo de personas que necesitaba poner su obra en circulación decidió no esperar el permiso. Eligió el único espacio que no se lo pedía a nadie: la calle.
Pero no cualquier calle ni de cualquier forma. Por seguridad se eligió la noche. Y para no sumarse al vandalismo que ya cargan las fachadas, se eligieron las paredes de las obras en construcción —superficies de nadie, en tránsito, tan provisorias como la propuesta—. Los afiches, en papel biodegradable, quedaban a la vista el tiempo que la naturaleza permitiera. Obra efímera, pensada para desaparecer: un gesto que aparece, dura lo que dura y se va. El nº 1 fue ¡Hola!, el 1 de noviembre de 2019, con rostros de personas invitando a reconectar.
Ese fue el punto de partida. Pero el Movimiento cobró su verdadera dimensión con lo que vino después. Cuando la pandemia nos encerró a todos, esa costumbre de tomar la calle con obra —que había nacido casi como una travesura contra los circuitos cerrados— se transformó en otra cosa. El nº 5, Cuidate Cuidanos, con sus afiches de #YoMeQuedoEnCasa, fue el que nos metió puertas adentro. Y cuando el aislamiento por fin empezó a aflojar, el Movimiento fue la balsa: la primera excusa para volver a salir, para reconectar de verdad, para reencontrarnos con la calle y entre nosotros después de meses de encierro. Si el origen fue ganar espacios, lo que quedó grabado fue eso otro: la salida. Tanto, que en la memoria casi cancela lo anterior.
Desde entonces tuvo sus altos y bajos. Durante varios años sostuvo una frecuencia mensual, con obras temáticas y algunas piezas conjuntas. Después la salida bajó. Pero nunca faltaron motivos para reencontrarse al menos una o dos veces al año. Cuando hay algo que decir y ganas de tomar la calle para decirlo, vuelve.

PONELE ANDRÉS
Todos preguntan lo mismo: ¿por qué Andrés? La respuesta es tan simple como el nombre. Cuando hubo que bautizarlo y alguien tiró “¿qué nombre le ponemos?”, la contestación fue “ponele Andrés”. Y quedó. No hay homenaje ni símbolo escondido: se llama Andrés porque sí, y esa falta de solemnidad dice bastante sobre lo que es.
El Movimiento Andrés nació en el seno de El Estudio, junto a un grupo de alumnos. Eso lo decimos con orgullo. Pero no como quien reclama una propiedad: el Movimiento no es nuestro. Es de todos los que alguna vez pegaron un afiche, propusieron un tema, salieron de noche o se sumaron desde otra ciudad. Somos parte, no somos dueños. Y esa distinción no es un detalle: es lo que le permite crecer.
Lo que sí hacemos es cuidarlo. Valoramos estas convocatorias porque abren el juego: nuestros alumnos experimentan, se relacionan, conectan por fuera de las redes y encuentran otros vehículos para mostrar su obra. La pared de una obra en construcción enseña cosas que una pantalla no puede. Y valoramos todavía más a cada persona que fue y es parte de esto.
Mantener un movimiento vigente y saludable no es tarea de una institución. Es tarea de una comunidad que decide, cada tanto, que vale el esfuerzo volver a encontrarse. Nosotros ponemos lo que podemos poner. El resto lo pone la calle.
¿Qué otras paredes están esperando? ¿Qué queda por decir, la próxima vez que agosto —o cualquier mes— nos convoque?
Seguí al Movimiento Andrés en Instagram: @movimientoandres
(La cuenta original, hoy sin acceso, era @movimiento_andres — la dejamos como parte de la memoria del proyecto.)
