15.08.2026
Martin Parr: fotografiar lo cotidiano hasta volverlo extraño
Hay fotografías que nos hacen mirar algo que ya conocemos como si nunca lo hubiéramos visto.
Una playa llena de turistas. Una pareja tomando sol. Un plato de comida. Una multitud. Un souvenir. Un hotel. Una familia de vacaciones.
Martin Parr dedicó buena parte de su vida a fotografiar esas escenas aparentemente insignificantes. Pero detrás de esa apariencia cotidiana hay algo más: una mirada capaz de encontrar en ellas nuestras costumbres, nuestros deseos, nuestras contradicciones y también nuestro absurdo.
Parr nació en Inglaterra en 1952 y comenzó a fotografiar siendo adolescente, alentado por su abuelo. Estudió fotografía en Manchester Polytechnic y, desde los años setenta, desarrolló una manera particular de abordar el documental: acercarse a la vida cotidiana sin necesidad de buscar acontecimientos extraordinarios.
Su fotografía no necesita guerras, catástrofes ni grandes acontecimientos para hablar de una sociedad.
Le alcanza con una playa.
La playa como laboratorio
Uno de los temas que recorrió toda la obra de Parr fue el turismo.
Para él, las playas son algo más que lugares de descanso. Son pequeños laboratorios sociales donde las personas se muestran: cómo se visten, cómo comen, cómo se relacionan, cómo ocupan el espacio, cómo buscan divertirse y cómo quieren ser vistas.
En The Last Resort, realizada entre 1983 y 1985 en New Brighton, Inglaterra, Parr fotografió un balneario popular en decadencia. El uso del flash directo, los colores intensos y la cercanía con los personajes produjeron una fotografía que podía resultar al mismo tiempo divertida, incómoda y cruel. La serie se convirtió en una de las obras fundamentales de la fotografía documental británica en color.
Con el tiempo, las playas se convirtieron en una especie de proyecto permanente.
Parr recorrió distintos países buscando esos lugares donde el ocio revela algo de la sociedad. Brasil, España, Italia, Estados Unidos, Reino Unido y también Argentina.

Martin Parr en Mar del Plata
Parr llegó por primera vez a Mar del Plata en 2007, mientras trabajaba en un proyecto sobre las playas latinoamericanas.
La escala de la ciudad lo sorprendió.
Dieciséis o diecisiete kilómetros de playas, miles de hoteles y millones de visitantes convertían a Mar del Plata en algo muy diferente de los balnearios europeos que conocía.
Pero no fue solamente su tamaño lo que llamó su atención.
Fue la gente.
En una entrevista realizada poco después de aquella visita, Parr definió a Mar del Plata como uno de los lugares más surrealistas que había visto: una multitud apretada en la playa, pero completamente entregada al disfrute.
Volvió en 2014 y fotografió nuevamente la ciudad. Una de esas imágenes, Grandé Beach, Mar del Plata, forma parte de Beach Therapy, proyecto en el que Parr continuó experimentando con las posibilidades de fotografiar las playas desde posiciones elevadas y utilizando teleobjetivos para aislar pequeños acontecimientos dentro de las multitudes.
Y Parr tenía una opinión bastante clara sobre nuestra ciudad.
Para él, Mar del Plata era el mejor balneario que había fotografiado.
No a pesar de su caos, su masividad o su falta de sofisticación, sino precisamente por eso.
El humor como herramienta documental
Una de las características más interesantes de Parr es que sus fotografías pueden hacernos reír y, casi al mismo tiempo, hacernos sentir incómodos.
Hay algo de caricatura en sus imágenes, pero sus personajes no son caricaturas.
Son personas reales.
Y ahí aparece una de las preguntas más interesantes de su trabajo: ¿de quién nos estamos riendo?
¿De ellos?
¿De nosotros?
¿De la situación?
¿O de una sociedad que convirtió el ocio, el consumo y la apariencia en una parte fundamental de su identidad?
Parr nunca necesitó explicar demasiado sus fotografías. La situación está ahí. El espectador completa el sentido.
Su cámara observa los pequeños rituales de la vida contemporánea y encuentra dentro de ellos algo que podría pasar inadvertido: una contradicción, un gesto, una forma de ocupar el espacio, una relación entre dos personas o simplemente una escena tan exageradamente cotidiana que termina pareciendo absurda.
Fotografiar lo que todos miramos
Quizás una de las grandes lecciones de Martin Parr sea justamente esa.
No hace falta encontrar un tema extraordinario para construir un ensayo fotográfico.
Una ciudad puede ser un tema.
Una playa puede ser un tema.
Un domingo puede ser un tema.
Incluso algo tan banal como unas vacaciones puede convertirse en una investigación sobre una sociedad entera.
Parr construyó buena parte de su obra a partir de esa idea: observar profundamente aquello que tenemos delante.
Porque lo cotidiano no es necesariamente simple.
A veces solamente estamos demasiado acostumbrados a mirarlo.
Martin Parr murió el 6 de diciembre de 2025, en Bristol, a los 73 años. Había seguido fotografiando hasta el final: dos días antes de morir todavía estaba trabajando en Italia. Su Fundación continúa preservando su archivo y difundiendo su legado.
Su trabajo deja una pregunta que sigue siendo particularmente fértil para quienes fotografiamos:
¿Qué pasaría si en lugar de buscar algo extraordinario empezáramos a mirar de otra manera aquello que vemos todos los días?
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