07.10.2026

Volver a la cámara: el aparato que no avisa nada

Se ve cada vez más seguido. Gente joven con una compacta digital de hace veinte años colgada de la muñeca. Reproductores de mp3 que vuelven a venderse. Teléfonos que solo llaman. Aparatos que hacen una sola cosa y a los que no les llega ninguna notificación.

Los números acompañan. En 2025 los envíos mundiales de cámaras compactas crecieron cerca de un 30 %, en un mercado que venía cayendo hacía más de diez años, y en la primera mitad de 2026 siguieron subiendo. En eBay las búsquedas de iPod crecieron entre un 20 y un 25 % durante 2025, aunque Apple dejó de fabricarlos en 2022. Sigue siendo una fracción de lo que se vendía hace quince años, pero la curva cambió de dirección.

¿MODA O TENDENCIA?

Todavía es temprano para saberlo. Hay argumentos para las dos.

A favor de la moda: buena parte de esto es estética. El flash directo, el ruido, el color raro de un sensor viejo. Lo usa alguien famoso, lo copian sus seguidores. Y hay una contradicción difícil de esquivar: muchas de esas fotos hechas para desconectarse terminan esa misma noche en Instagram.

A favor de la tendencia: el cansancio es real y es anterior a la cámara. El teléfono se fue comiendo de a uno todos los aparatos – el reloj, el mapa, la radio, el despertador, la cámara – y con cada uno se trajo también el mensaje, el aviso, el feed. Separar otra vez las funciones es una forma bastante sensata de recuperar algo de control.

Quizás la respuesta importe menos que lo que pasa mientras tanto.

LO QUE CAMBIA CUANDO EL APARATO HACE UNA SOLA COSA

Con el teléfono, sacar una foto es una interrupción entre otras. Se lo levanta para fotografiar y aparece un mensaje, el mensaje lleva a otra cosa, y a la vuelta la luz ya cambió.

La cámara no avisa nada. No tiene a quién contestarle. Con ella en la mano lo único que queda por hacer es mirar: de dónde viene la luz, qué entra en el cuadro, qué queda afuera, cuánto falta para que esa persona cruce. Eso es atención puesta en el entorno, y es justo lo que el teléfono reparte en pedazos.

Hay algo más. La foto del teléfono nace conectada: se saca, se ve, se manda. La de la cámara queda guardada en una tarjeta hasta que alguien decide hacer algo con ella. Ese rato en el medio – horas, días, a veces meses – le devuelve a la imagen un tiempo propio. Se mira distinto una foto que no se hizo para mostrarla en el acto.

Nada de esto lo inventó esta generación. Es lo que la fotografía pidió siempre: estar ahí y prestar atención. Lo nuevo es que ahora hay que elegirlo.

LA CÁMARA COMO EXCUSA

En El Estudio se sigue enseñando cámara. Los diafragmas y las velocidades se aprenden rápido. Lo que lleva tiempo, y lo que queda, es la costumbre de salir a mirar.

Si es moda, va a pasar, y va a dejar un montón de cámaras otra vez en los cajones. Si es tendencia, se va a ver más gente caminando sin mirar para abajo. En cualquiera de los dos casos, hoy hay alguien parado en una esquina, con un aparato que no suena, esperando que pase algo.

¿Cuándo fue la última vez que saliste a sacar fotos sin el teléfono?